lunes, 3 de junio de 2013

3 años... por Africa Love

3 años que veía interminables...
3 años en los que conocí a muchas personas,
a personas que amo,
que odio,
todos me enseñaron algo;
bueno, malo, inútil, trascendental,
marcaron mi vida en sólo 3 años...
 wow, se dice muy fácil...
un número, 2 silabas...
y sin embargo 
¡es algo tan complejo!
en estos momentos,
todos los recuerdos vienen a mi memoria;
revueltos, rápidos, pero claros...
y sé que más personas comparten conmigo esos recuerdos,
cada una con su propia percepción,
aún así,
esta sensación de calidez en el pecho es hermosa...
esto que se expande
y se derrama por cada poro de mi piel,
como sudor, 
como saliva...
como lágrimas...
¡esto agridulce tan agradable!

cierro los ojos
y veo los rostros de mis compañeros,
sonrientes,
alegres de cerrar un ciclo,
cálidos,
con esa expresión de serenidad 
y complicidad en los ojos,
parecieran decir 
"no nos olvidaremos";
lo sabemos...
también sabemos que la memoria nos falla a todos,
pero que algún día nos acordaremos de todos
diremos: 
" ¡Ah! yo tenía un amigo que...."
o "  cuando estaba en la prepa, mis compañeros ..."
saldremos todos a colación
en una plática en 7, 9,10, hasta 20 años!!
recordando...
atesorando esto tan bonito...
nuestros problemas,
nuestras ilusiones,
nuestros proyectos
y promesas;
cumplidos, sin cumplir 
y en proceso de,
y vamos a sonreír,
como tarados,
en el momento más inoportuno,
como siempre lo hemos hecho
desde que llegamos a esta escuela.
Recordaremos a nuestros maestros,
los que nos enseñaron algo tan valioso,
que no lo olvidaremos,
los que siempre nos hacían paro,
los que eran justos
y a veces odiábamos,
recordaremos esas veces
en las que los maestros nos sorprendía,
sus cotorreos,
sus consejos,
¡la amistad que con ellos formamos!,
e incluso a los que nos daban dolor de cabeza,
y diremos : los extraño,
aunque sus trabajos me hicieran sudar y llorar....
recordaremos presentaciones,
la primera, ¡la última!
los ensayos,
las clases de solfeo,
de plásticas,
de teatro
y el dulce cansancio de danza..
y cerraremos los ojos
y lo viviremos de nuevo.

Los días de lluvia, de calor mortal,
de frío y de epidemias de piojos...
las fiestas, las reuniones ¡GRECIA!

Los "viajes" en Grecia,
entre clase y clase,
los exámenes de primer ingreso,
la "toma del cedart" jajaja!
y en la boca saborearemos algo metálico,
algo a la vez dulce...
y será el caramelo de los recuerdos...
el inacabable caramelo preparatoriano....
¡¡¡Nos vemos en el futuro!!! :)

viernes, 25 de enero de 2013

Momentos por Rosa Vejar


Detalle de "La joven mártir", óleo de Paul Delaroche  (1856)
 Museo de L'Hermitage San Petersburgo (Rusia)

La cáscara estaba seca, ni las gotas de lluvia revivían el vivo color de una naranja agridulce y el olor ya no estaba.
Una voz, rasposa como cantante de blues raspaba, dentro, en mi pecho y no decía nada, picaba y nada. - Déjalo ir - Y desperté.

142 páginas y de ellas 3 usadas en recuerdos que no recuerdo y el miedo de mostrar más.  Camino, intento y no logró. Sonríen, te miran sin mirar, te pegan, te duele y no haces nada.

- Golpea bajo ya. Hazlo - y desperté otra vez.

Miedo, respiro y revivo. Cae la lágrima, la cáscara sigue igual, ya ni en mi mente puedo imaginar. Olvido.

- Voz mía, dilo ya - Ya no desperté, morí. Vagué y desperté.

Otra vez. Tiempo y esfuerzo. Colores que me dicen, sigue, detente y ve más despacio.
No entiendo, acelero, ¿Espero? Pasos. No dados. ¿Dudas?

Silencio, no puedo callar, no hay silencio.

Copyright © Derecho de Autor

jueves, 15 de noviembre de 2012

Usted me ve, por: Johana Santos


Detalle de la Obra "Observando" de Hugo Jofré


Usted me ve
En una firma garabateada
En un dibujo a lápiz
En el cepillado de tus dientes
En el espesor del acrílico

Usted me ve
A través de nubes de algodón
En mis giros de espiral
En las enormes tormentas de tus puños rosados

Usted me ve
En las persianas y cuando cierras la puerta
En tu aldea tranquila en el valle
En el  punto del mapa
En el pinchar de tu dedo
Bajo el rayo de luna
Abajo del oxido de los clavos

Usted me ve
A través de todo
Y para todos

Sólo porque soy yo.


Copyright © Derecho de Autor

Sabor a inocencia, por: Susana Patiño



"Weeping" Obra de Mark Riden. Graphite on Paper. 2003


Una vez me viste intentando sonreír,
Yo trataba de ocultar el dolor más profundo de mi alma…

Mi madre me decía –tú eres la estrella más bella y en tu vida llegarás muy lejos”…
Ella jamás me vio llorar frente al espejo…

Él, mi hermano, un día me dijo  –“Yo te amo”  debo decir que realmente me quería…

 Yo tenía diecisiete años, el sólo doce, a la sombra de los árboles  todo se convierte en un borroso sueño, tras la casa silenciosa; que guardará silencio y no respirara,
                                                   fue un secreto difícil de mantener…
Yo no tenía ni idea de que hacer; hasta después, todo de volvió una vieja rutina.
Todos los hombres tenían algo para mí…

Con él aprendí a bailar, a moverme y besar. Me preguntó: -“¿Quieres venir a casa conmigo?
Con la esperanza de que te enamores de mi podría hacerlo de forma gratuita, podríamos conseguir un lugar, empezar y tratar de hacer las cosas bien”.

Mi alma se llenó de luz, liberó mi corazón… y se volvió un juego de pasión…

La dama en la banquilla, por: Toshiro Rodríguez Uyeda

"Mujer Catrina" de Jesús Flores Sánchez   


Este va por pesimismo y tristeza
Por cansancio y desesperanza

Con lo clásico, y lo paralelo
Lo viejo y lo alusivo

Por ver a una mujer peinarse en la tarde
Para intentar robar un abrazo y que me acompañe.

Es la dama que de negro maquillo
De la que no sé  nada y está frente mío

Por la poesía basura que no dijo nada
Y sólo sirve mientras advierto a mi dama

Es la dama que de negro matizó sus colores
Aquella que espera a otros cadáveres

La que me distrae de la omisión y la soledad
Que me engaña y confunde amor con amistad

Es la dama que no me voltea
Y aun así me tiene la mirada robada

Es la dama prestada

Que se levanta y camina con alguien más.

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sábado, 3 de noviembre de 2012

"Dame la muerte chikita"   
Obra de  Montserrat Esparza Saucedo

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lunes, 29 de octubre de 2012

"La muerte es flaca y no ha de poder conmigo". 
Obra de Samuel Nathaniel Ramírez Amezquita

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martes, 16 de octubre de 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

Mal de objetos. Por: Jesús Sánchez



"Zapatos" 1888. Pintura de Vincent Van Gogh. Óleo sobre lienzo.


Se abrió la puerta y entró él. Reinaldo sigiloso como siempre. Buscando algo en ese cuartucho de hotel de una apariencia no tan grata, con cuatro paredes rayadas y con imperfecciones casi puestas a propósito; como las de un lienzo de pintura.
Reinaldo, tenía la certeza que ese; era el nuevo hogar de aquél que buscaba.  Reconocido a simple vista por el desorden o la intuición; dos cosas que son difíciles de no ver.
El ahí no buscaba explicaciones, ni respuestas y mucho menos hablar con aquél, él emprendía otra ardua misión. Reinaldo buscaba sus zapatos.

-Él podía llevarse las fotos, los regalos, los recuerdos y el tiempo transcurrido,  ¡pero no mis zapatos!-, pensó mientras emparejaba la puerta.

-Él podía dejar las sonrisas, el olor, las peleas, el dolor, ¡pero no la ausencia de mis zapatos!- susurró al cerrar la puerta por definitivo.

Reinaldo estaba violando la privacidad de su ex pareja, pero en realidad existía una confianza.
Ya eran cinco años que llevaban juntos, pero un día su compañero se cansó, lo mismo que los unió también los separó; el ser tan distintos.
Reinaldo ordenado, detallista y paciente, y aquél que estuvo a su lado siempre contrastando todo.
Una relación siempre al límite, como un cáncer en etapa terminal que es seducido por el final, y un día muere.
Él tomó sus maletas y el calzado equivocado y se fue.

-¿Lo haría a propósito?, ¿o sólo fue un error?, pero entonces debió devolverlos- se argumentó Reinaldo  – en fin, yo sólo quiero mis zapatos-.

Hay que reconocer que podría parecer una acto sin sentido para algunos, una estupidez para otros y gracioso para unos cuantos.
Para Reinaldo era cosa seria, Javier su ex pareja, no se podía quedar con ellos.

Y es por eso que decidió irrumpir en sus nuevos aposentos. Prefirió dejar de lado el uso del teléfono y actuar asertivamente sin ponerse a pensar en un famoso cargo legal llamado allanamiento de morada.
Logró engatusar al recepcionista del hotel con alguna historia barata, de esas que son creíbles.

-Ya dos semanas sin Javier- pensó Reinaldo un poco vulnerable por la nostalgia; más no titubeó.

Una vez cerrada la puerta, con altivez y decisión emprendió su tarea, sólo dio unos cuantos pasos y lo primero con lo que se topó, es lo que buscaba.- ¡Qué suerte!- eso fue lo que pensó.
Esas oportunidades no las regala la vida sólo porque sí.
Reinaldo tenía la seguridad de que esos zapatos eran de su propiedad, ya que eran negros, desgastados por el uso y pertenecientes a una marca de zapatos que alude a lo flexibles que son.
-Es un descarado- pronunció con una voz apenas audible.  –Se nota que los usa seguido-.  Cabe mencionar que pudo declarar todo esto una vez que los tomó en sus manos y los examinó. Y también al descubrir en sus zapatos un nudo ajeno al suyo, pero a la vez conocido, por la contundente fuerza de la convivencia.

Fue por eso que con descarada parsimonia colocó sus posaderas en la nueva cama de Javier, con la esperanza de que ese objeto aún fuera virgen de otros hombres, por mero respeto al derecho de antigüedad que tenía él.

Se dispuso a desatar el nudo – es el mismo nudo de siempre- dijo y comenzó su acción con maestría y decisión.
De pronto fue interceptado por una voz que escuchó en su cabeza, - ¡unos simples zapatos, ya ni la friegas Rey!-  le dijo la única voz de ultratumba que siempre aparece y nunca nos asusta: la de mamá.
Su madre siempre le reprochó a Reinaldo el ser así, ese maldito don o maldición de asociar todo y un reclamo que escuchaba comúnmente era: -¡Ay mijo!, ¿Qué vas  a hacer cuándo se te caiga el pelo? ¿Le vas a llorar?- . Y él contestaba – Es probable y hasta le voy a llorar más que  a ti, y en todo caso este vicio de alguien lo heredé-.
Y era así como la voz se callaba, y su madre pensando en el objeto sagrado lleno de alegorías e historias que cargaba en sus manos, con esmero protegía su abanico más que a  nada en el mundo.
Un día inevitablemente su madre murió y fue enterrada con su precioso abanico, y Reinaldo pecó de mentiroso, ya que sí le lloró como nunca, hasta más que a su temprana alopecia.

Después de varias terapias y una vez superada la muerte de su madre, fue por la vida navegando como una veleta y en ocasiones reposando unos cuantos meses en islotes bautizados como Rafael, Diego y Luis.
Para después partir decepcionado, sin encontrar donde desembarcar su corazón, hasta que naufragó en Javier y pudo pisar tierra.

Pero su mal de objetos siempre lo acompañó, el mal de asociar un objeto con algo o alguien, esos objetos valorados como evidencias tangibles y certeras de recuerdos.
No pudo evitar evocar aquella pulsera de un apasionado color rojo, pero que violentando su índole, servía para todo lo contrario.
La utilizó las primeras citas con Javier, siempre presente en la muñeca izquierda, para que su mirada se la topara accidental o intencionalmente y le recordara que aunque de la cintura para abajo ardiera en llamas, debía evitar generar la chispa adecuada y provocar un incendio no precisamente forestal; y generar un acto sexual sin suficientes procedentes. Debía evitarlo para darse su lugar y para que Javier lo tomara realmente en serio, a él y a sus solemnes intensiones.
Por esa razón es que aún conserva esa pulsera.

Y también le vino a la mente el paraguas color ébano, en el que no sólo lograba cubrirse de la lluvia él y su  majestuoso novio Javier.
Sino que ayudaba a resguardar el ruborizado rostro de Reinaldo, al ser atisbado por la necesidad de un beso y ser asaltado por las inmensurables ganas  y al final ya sin estribos, ser besado por él;
todo esto en plena vía pública y siempre presentes las fulminantes miradas de los transeúntes.
Es por eso que ese paraguas le resultaba tan entrañable.
Y así pensó en su corbata a rayas, sus guantes afelpados, el reloj que le dio su padre, el llavero de cangrejo, en su perfume fino, en aquel lápiz pequeño, en su cartera de gamuza y en el collar colombiano.

 Y al final pensó en los zapatos, - Son míos, sólo míos – comenzó a hablar como si tuviera a Javier enfrente, - sólo puedo usarlos yo, soy el único que sabe lo que valen y en que momentos han estado, como la vez que corrí detrás de un tren con estos zapatos y grité; ¿me amas?, y no escuché tu respuesta,  pero no importaba porque ya la conocía.  Los usé cuando tu fiebre te llegaba a los cuarenta grados y tenía que cuidar de ti, y los mojé un poco con ese trapo que escurría agua y que coloqué en esa frente tan bella que tienes, con la esperanza de que mejoraras. Son los mismos que limpié y usé en nuestro aniversario, en que se me llenó la cara de alegría al probar esa rica lasaña que preparaste sólo para mí, y después; me llenó de una sensación inexplicable pero positiva, al leer la carta donde agradecías el haberme conocido.
Esos zapatos son lo que pisaste el día que descubrí que no sabías bailar, si es cierto;  me recuerdan a ti, no lo niego, sé que los alimenta tu recuerdo, pero al fin de cuentas son míos, sólo míos -.  Así por fin se calló satisfecho una vez desatado el nudo.

Pero tantos recuerdos tuvieron su lógica consecuencia, algo en el interior de Reinaldo se desbordó y encontró cause final a través de sus ojos.
Gracias a los recuerdos lacrimosamente tomó entre sus manos la almohada de su ex novio  y la golpeó cual si fuera él,- ¡esto te pasa por dejarme!- gritó y la dejó desplomarse.
Hizo una pausa y después alzó el objeto, esta vez con más mesura, y dijo: -¡de seguro que tú le aconsejaste hacer lo que hizo!, dicen que eres una sabía consejera-  momentos después se dio  cuenta de su hilarante afirmación y rió a más no poder.
Se apaciguó, lloró un poco, y después llegó a la calma absoluta.
En ese instante entendió que el amor era abundante, pero aceptó también que las diferencias no escaseaban. Reconoció que el amor es ambivalente, que así sabe vivir, más llega  el  día en que el amor se cansa y deja de luchar…

Y una vez hundido en el abismo de la razón, pudo abrir los ojos y ver las cosas como realmente eran.

Reinaldo tomado por un vendaval de coraje y ya sin una pizca de cariño, pensó en Javier como la peor persona, le vino a la mente su irritante contumacia de hacer las cosas solo y al final estar errado, pensó en su egoísmo, recordó su falta de mesura, evocó su tono de voz tan alto que siempre le fastidió y se lamentó al pensar en esa copita de más, que siempre se tomó y marcó la diferencia,  llegó después el recuerdo que más le dolió en las entrañas;  pensar en el puñetazo que le dio en su desavenencia final. El único golpe  en cinco años, pero muy certero y poco sagaz.

- Cuando se llega a los golpes quiere decir que se acaban las palabras y ya no hay más que hablar- dijo para sí, - pensar que peleamos por una estupidez- recordó.
Son de esas estupideces que es mejor no hablar de ellas, ya que sólo son la gota que derrama el contenido del vaso.

Javier ya se había rendido y Reinaldo hizo lo mismo, por lo tanto el amor mejor ni se aproximó.
Tomó su calzado como un libro grueso lleno de memorias y se dispuso a partir.

Entonces inesperadamente; como llegan las desgracias,  fue interceptado por la imponente presencia de Javier, que con tan sólo una mirada fue capaz de cuestionar a Reinaldo por su estadía ahí.

Reinaldo no liberó palabra, aunque estaba enardecido por dentro, se conservaba impávido por fuera, una cualidad suya muy oportuna y aprovechada  de manera soberbia en ese preciso pero inesperado momento.

Javier se mojó los labios, meditó un poco y dijo: – lamento haberme llevado tus zapatos-

Reinaldo no le creyó que pecara de ignorante con respecto a sus zapatos y pensó en palabras hirientes, más de las que se pueden pronunciar, razón que bastó para no formularlas.

Javier volvió a hablar y lanzó una temida y cáustica pregunta:- ¿me aceptas de nuevo en casa?

Reinaldo ofendido y enojado fue conquistado por el arrebato del momento  y totalmente fuera de si; arrojó el par de zapatos al rostro de Javier,  a la par que furiosamente le gritaba: -¡quédate con ellos y también con los recuerdos, pero a mí déjame en paz!-

Y al fin en complicidad con su mal de objetos, se liberó de los zapatos, ya que si quería, olvidarse de Javier, debía desechar toda evidencia. Pues ya ni los recuerdos valía la pena conservar.

Y en ese preciso instante algo en él se transformó, una cosa era segura;  ya no amaba a ese hombre. Fue entonces que rebosante de sosiego, dio la media vuelta con una mezcla extraña de seguridad e incertidumbre, y se marcho de ahí.

Javier sorprendido, pero sin argumento alguno, y sabiendo que violencia se paga con violencia, lo dejó partir. Ya no podía ser otra vez el majestuoso, esto lo comprendió cuando Reinaldo cerró la puerta.

Reinaldo sin remordimiento alguno daba la espalda a una puerta cerrada y ponía el punto final de una historia, después de todo, ya era tiempo de abrir el puerto y marcharse con el viento hacia otra parte.

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miércoles, 3 de octubre de 2012

Sombra. Por: Jimena Musalem


"En escena Mónica Andrea Fonseca" Fotografía de karla González


Hace tiempo que vi algo dentro de ti,
Era algo, era tu  nada, era tu sombra,
Era tu vida, la mía, tuya... sombra
Te veo, te sigo, corres, huyes....

Aún recuerdo esas claras palabras jamás pronunciadas.

Seré tu sombra por el resto de la luz...

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domingo, 30 de septiembre de 2012

Como me dejaste. Por: Samuel Nathaniel Ramírez Amezquita


Fotografía de: José Ardaz Ganuza


Vuelve a posarte
En la palma de mi mano
Nocturno viajero
Que atraviesas el océano. 

Cuando te dibujaba
Parecía que mi mano bailaba,
Ya se ha quedado quieta;
Puedo decirte que está muerta.

Extraño tus plumas plateadas
Que acariciaban mi cara
Y perfumaban mi cabello,
Regresa nocturna fiera.

Ojos tan negros
Que la noche los envidia,
Esperaré a que termine el día;
Esperando que regreses…

¿Regresarás…?
¿O no…?

Y el  tyto nunca volvió.


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sábado, 29 de septiembre de 2012

Tu beso. (Segunda edición) Por: Toshiro Rodríguez Uyeda



Doisneau. El beso del Hotel de Ville (París, 1959)



Aquí me guardo un beso que es para ti,
un beso que no busca tus labios,
ni siquiera tu suave piel...

sino tu alma,
y sin mendigar abrazos,
ni tan siquiera caricias,
sólo la suave y cálida brisa de tu presencia.

Aquí te guardo un beso

ven, aprovecha mientras sigue húmedo y coqueto,
tómalo, para que no quede triste, empolvado y frío…

sálvalo con tu aliento para que no termine,
guárdalo porque es tuyo…

Pero quémalo y destrúyelo si no te sirve.
Entiérralo lejos y olvídate que existió.
Has de cuenta que nada marchó por aquí.

Mátalo o libéralo,
Pero que no quede flotando en la duda

                       Por favor.


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domingo, 9 de septiembre de 2012

Olor a Sal… by Adolfo Bedoy


"Erase una vez" Obra de Pedro Gamero Arevalo

En un sentido rutinario esta noche, más que noche, más que otras me encuentro rodeado de ese sabor que en los labios cargas; tú has sabido contrariarme en mi momentos de mayor importancia en esta existencia. Tal vez, sin notarlo; te has vuelto una compañera infatigable en mi andanza por el camino más estrecho, el más sombrío de ellos. Pero también has sido el más sincero de todos; me has enseñado que se esconde entre las sombras, y cuáles son las notas de esta, mi olvidada sinfonía.

Quererte a ti, por más risible e irónico que suene es como entregarse a la tormenta en el océano, sin temor a ser tragado en una embarcación de papel; bien sabes, aunque indomable, su aroma a sal y su suave rocío, cual caricia de madre molesta, áspera pero confortante; termina siendo el momento exacto en el que la realidad se encuentra en tu rostro y respiramos el hedor de la verdad. Solamente en tus manos frías y lúgubres de acero he podido encontrar ese consuelo helado que a los huesos reconforta; que si bien no es lo que usualmente buscamos, bien es conocido que los brazos del extraño curan mejor heridas que los bien sabidos, pues estos desconocidos no crean juicios ni reclamos, sólo asienten a contraluz.

Algo queda por decir, sin muchos bríos pero sin tantos sollozos en el corazón: gracias querida amiga, sin pedírtelo en mi vida te has hecho presente inmensidad de veces; nunca de mí lado te has apartado… y al final del camino, me estarás esperando.

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domingo, 2 de septiembre de 2012

2 de Septiembre Por: Susana Patiño


In Memoriam  de   Salomón Ávalos  Romero
 A un Año de su Despedida
 Descansa en Paz =)



12: 13  Al Reloj

Gotas Resbalando  L E N T A M E N T E . . .
                   Imágenes Terribles Merodean
Ruidos Agrios
                          Sentimientos Encontrados
Momentos Tristes
                           Recurrir a la Peor Sensación
Estremecerse hasta el ambiente
                                  ROSTROS ENTRISTECIDOS Por Doquier
DIA NUBLADO

                      7:30  
Recorrer el Mundo en 1000 Segundos
                          Fotografías de  Vida Pasean Alrededor 

Imaginar el Pasado
      Recordar   que el Presente   N O    E X I S T E 

                            RESPIRA,  Recuerda,  OLVIDA,  Suspira,  Grita,  SONRÍE 

RECUERDA:
 El Nacimiento es el Principio del Camino a la Muerte.


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sábado, 1 de septiembre de 2012

Una Poesía Por Diego de la Torre

Obra de Anna Razumovskaya



Podría hacerte una carta, 
un dibujo o una poesía,
o simplemente un abrazo bastaría
si pudiera ya; te lo daría
el roce y los suyos celos me darían
o como diría ella —un roce y yo queriendo —
aunque celos no lo llamaría; otra palabra usaría 
porque esta rima es pura hipocresía.

Pero juro que si voltearas de nuevo 
yo te besaría...


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ME SIENTO ROTO Por: Yan Cey


El sueño con las musas, óleo de Eduardo Naranjo de 1979, 
influenciado por la línea del “realismo mágico”

Si, hoy me siento roto
        no estoy tan feliz
como flor que sufre de agua
como sol que tiene calor
        animal con conciencia y dolor
pensamiento de ternura y amor
        adiós las palabras con "or"
no hay creatividad en mis rimas
        podría decir gelatina
pero estoy muy triste
        para pensar en colores
ayer fui una serpiente
decidida a volar
hoy me arrastro con sueños de ave
        la luna me dio la espalda
todos pudieron ver su otra cara
sin saber que a mi me rechazaba
        ni mi madre me supo decir
como empecé a escribir
creo que sólo soy
lo que no me gusto de mi
        raspado de la cara
porque camino con las mejillas
de tanto coraje
camino a donde no se puede caminar
       sólo esperando alzarme
reventarme contra un cristal
       besarme contra una boca
o encajarme contra una espina
si mis pies me dejan por otro
ahi si que me suelto a llorar
       hoy me siento roto
me hinco agachado
me levanto pegado

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155 Por: Aura Miranda



Pintura de Francine Van Hove


Tengo ciento cincuenta y cinco quejas, 155.
   Pero el contrapeso es insuperable,
                                                                 comparado a lo que agradezco.

Disfruto lo que tengo y lo que no tengo,
me gusta la ventana de la cocina hacia la calle,
el trapeador sucio
y la sala relajante.

Difrusto la dislexia que ocasiones en tegno,
las   l   e   t   r   a   s    que se hacen parte de mis neuronas cuando leo,
el cansancio de la tarde que se vuelve placentero,
me gusta el cielo...

                Deshago y hago lo que no puedo hacer haciendo,
                  resulta delirante el no saber lo que sé que sé.
                       Remolinos de viento
                           y de ideas que desaparecen
                                                                                  ccoonnssttaanntteemmeennttee.

Me gusta el canto de lo que al parecer son pájaros.
           Me gustan las hojas que bailan en el aire,
                ver a mi vecina cortar su árbol de limones
                    y que el viento sea cítrico, y que el viento sea cítrico...


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